Reseñas en prensa del nuevo libro de Miguel Ayuso, «¿El pueblo contra el Estado?»

Ayer 23 de agosto aparecía en el periódico La Esperanza la siguiente reseña de FARO:

¿El pueblo contra el Estado? El nuevo libro de Miguel Ayuso

El interrogante que rubrica este nuevo libro del Profesor Miguel Ayuso, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, habla a las claras de su naturaleza problemática antes que dogmática (de dogmática jurídico-política, se entiende).

Tras una recapitulación de la situación del «Estado», se examina sintéticamente en cinco capítulos su relación en nuestros días con el «pueblo», a través de las llamadas formas de gobierno. Así, analiza primeramente los problemas de la democracia, mudada de forma de gobierno en (sedicente) fundamento del gobierno y sujeta también a numerosos cambios. El llamado «populismo», a continuación, parece reclamar su transformación radical, aunque siempre sin desmentirla. Finalmente, la monarquía, anulada por la misma democracia, pierde su sentido profundo de defensora del pueblo. De modo que la relación entre Estado y pueblo, tematizada a través del hilo de las formas de gobierno, nos descubre las aporías de la «política» contemporánea.

Se trata de un ensayo en el que el pensamiento tradicional sirve de cernidor de las líneas de tendencia más destacadas del panorama presente. Por lo que debe acudir a él quien quiera disponer de sólidos criterios de lectura para afrontarlo.

Venía precedida de dos excelentes artículos en el diario ABC del prestigioso escritor y periodista Juan Manuel de Prada sobre el mismo libro del Profesor Ayuso. El primero de ellos aparecido el día 20 de agosto:

¿El pueblo contra el Estado?

De este modo tan sugestivo ha titulado el siempre genial Miguel Ayuso su último libro (Marcial Pons), donde desnuda, con un estilo afilado como un bisturí y no exento de pinceladas deliciosamente irónicas, las grandes aporías de la política contemporánea.

Uno de los capítulos más memorables del libro lo dedica Ayuso a analizar los problemas de la democracia, metamorfoseada de «forma de gobierno» en «fundamento de gobierno». Para el pensamiento clásico, la democracia es la intervención de los gobernados en la designación de sus gobernantes, generalmente a través de fórmulas mixtas que el propio Santo Tomás defendió, cuando lo aconsejan razones de oportunidad política. Pero la democracia moderna no se reconoce en esta definición; y se distingue por no reconocer legitimidad a ninguna autoridad ni ley que no dimane expresamente de la nación. De este modo, la democracia como «fundamento de gobierno» se arroga un poder ilimitado —totalitario— para subvertir todo tipo de categorías y convertir lo que determinen las mayorías (encarnadas en oligarquías que hacen y deshacen a su antojo) en el único derecho, que expulsa a las tinieblas cualquier determinación de la justicia que refleje el orden natural, la ley moral o divina y, por supuesto, las costumbres y tradiciones más arraigadas.

Pero, como este derecho entra en conflicto con la naturaleza de las cosas (incluidas las verdades antropológicas más evidentes), poco a poco las sociedades se van degradando y adoptando actitudes animalescas que la propia democracia fomenta y patrocina, para convertirse en ese tirano paternal que avizoró Tocqueville. La ley deja de ser expresión de un orden superior al hombre que el legislador debe captar y plasmar en normas, para convertirse en la expresión caprichosa de la «voluntad general» que se guía por una desenfrenada «libertad del querer» y adquiere contornos de sucedáneo religioso.

Escribíamos al principio que Miguel Ayuso no se recata de introducir pasajes de deliciosa ironía en este magnífico ¿El pueblo contra el Estado? Uno de los más felices lo dedica a glosar la definición topiquera que Lincoln hizo de la democracia como «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Allí nos demuestra Ayuso que no hay gobiernos que no sean «del pueblo» (aunque bromea con el gobierno de las abejas sobre el que escribió Maeterlinck). También advierte que hay democracias que no son «para el pueblo», sino «contra el pueblo», instaladas en el cortoplacismo y la demagogia. Y concluye su eutrapélica refutación recordando que no ha habido, ni hay, ni puede haber un gobierno «por el pueblo», pues todas las formas de gobierno son finalmente reconducibles a oligarquías, incluida la democracia (como Rousseau reconoce en El contrato social), pues la soberanía popular se ejerce siempre optando entre oligarquías que, en su variante partitocrática, la secuestran.

Seguiremos comentando este libro antológico en cuanto tengamos ocasión.

El segundo de los artículos de Juan Manuel de Prada sobre ¿El pueblo contra el Estado? aparecía, también en ABC, el lunes 22 de agosto:

Monarquía y democracia

Otro asunto medular tratado por Miguel Ayuso en su espléndido ¿El pueblo contra el Estado? (Marcial Pons) es el problemático encaje de la monarquía en la democracia. Ayuso rescata una dilucidadora cita de quien fuera piedra angular del consejo privado del Conde de Barcelona, Pedro Sainz Rodríguez, para quien «la lucha secular entre la Monarquía y la Revolución encarnada como mecanismo político de la democracia, ha dado como resultado que estos dos sistemas no sólo se diferencien por su estructura, sino por su contenido moral y doctrinal que como realidad histórica han adquirido y representan. De ahí la ingenuidad de los teóricos accidentalistas de la forma de gobierno. Las formas no son nunca accidentales ni en filosofía, ni en arte y mucho menos en política». En efecto, la Monarquía tiene un «contenido moral» que la democracia necesita remover, porque —prosigue Sainz Rodríguez— «le impone un obstáculo para la realización de su programa». Ayuso sostiene que la remoción de ese obstáculo comenzó a través de la «monarquía constitucional», en la que el rey retenía el poder ejecutivo mientras las Cortes ostentaban el legislativo. Pero la «monarquía parlamentaria» reduce definitivamente al rey a la categoría de «poder constituido»; y desde ahí —afirma Ayuso— el tránsito hacia la República resulta «casi imperceptible». En medio de este deslizamiento, la Monarquía deja de ser forma de gobierno para convertirse en un mero órgano, la «jefatura del Estado», cada vez más vaciado de contenido. Así, la monarquía pierde su particular aptitud para asegurar la continuidad y el bien de los pueblos: por una parte, como defensa numantina frente al poder plutocrático; por otra, como reconstructora de grandes espacios políticos «al margen de la cerrazón de las estructuras estatales», como lo fue durante los siglos áureos de la monarquía federativa.

A Ayuso no se le escapa que la Monarquía es el régimen político propio de las sociedades religiosas, que captan la existencia de comunidades básicas (la familia, la comunidad política, la Iglesia) a las que no conviene la organización democrática; una vez que las sociedades se asientan sobre bases secularizadas, esta captación desaparece y, como ocurre hoy, la Monarquía «se condena a sí misma a muerte irremisible, solicitando fuerzas de sus adversarios y fundamento en principios que le son contradictorios». Ayuso sostiene, en fin, la misma tesis de José Mª Pemán, expresada en las páginas de ABC allá por 1964, donde defendía «una monarquía de tipo tradicional, social y representativa» y alertaba contra la fórmula de la «monarquía liberal y parlamentaria», añadiendo clarividente: «Sospecho que si alguien la defiende hoy en España es con intención —o al menos con riesgo grave— de que sirva de puerta y preámbulo para la República». Cuando el tiempo no ha hecho sino confirmar el pronóstico de Pemán, Ayuso nos confronta con este problema ya indisimulable, en un libro tran brillante como perturbador.

(Por supuesto el verdadero Conde de Barcelona era el Rey Don Javier I, no el aspirante a usurpador a quien Pedro Sainz Rodríguez servía).

Ayuso, Miguel, ¿El pueblo contra el Estado? Las tensiones entre las formas de gobierno y el Estado. Marcial Pons, Madrid 2022. Colección Prudentia iuris, Nº 48. Serie media. Cartoné, 22 x 16 cm. 152 páginas. ISBN 9788413813653. Depósito Legal M-13.322-2022.
También en formato de libro electrónico, ISBN 9788413814438.

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